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dilluns, 28 de gener del 2013

Lentitud

I

La velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre. Contrariamente al que va en moto, el que corre a pie está siempre presente en su cuerpo, permanentemente obligado a pensar en sus ampollas, en su jadeo; cuando corre siente su peso, su edad, consciente más que nunca de sí mismo y del tiempo de su vida. Todo cambia cuando el hombre delega la facultad de ser veloz a una máquina: a partir de entonces, su cuerpo queda fuera de juego y se entrega a una velocidad que es incorporal, inmaterial, pura velocidad, velocidad en sí misma, velocidad éxtasis.

II

[...] Uno de los primeros capítulos del manual de la matemática existencial: el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido. Pueden deducirse varios corolarios de esta ecuación, por ejemplo éste: nuestra época se entrega al demonio de la velocidad y por eso se olvida tan fácilmente a sí misma. Ahora bien, prefiero invertir esta afirmación y decir: nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar y, para realizar ese deseo, se entrega al demonio de la velocidad; acelera el paso porque quiere que comprendamos que ya no desea que la recordemos; que está harta de sí misma; asqueada de sí misma; que quiere apagar la temblorosa llamita de memoria.


III

Quiero contemplar todavía a mi caballero que se dirige lentamente hacia la calesa. Quiero saborear el ritmo de sus pasos: cuanto más avanza más lentos son. Creo reconocer en esa lentitud una señal de felicidad. 
La lentitud, Milan Kundera 

dimarts, 17 d’abril del 2012

El proceso, Franz Kafka (I)

El proceso (Der Prozess)
de Franz Kafka
Traducción de: Feliu Formosa
Fecha original de publicación: 1925
Editorial: Alianza Editorial

LA AMBIGUIDAD DE LO COTIDIANO. Kafka, en El proceso, no se aleja de la naturalidad. Juega, oscura y magistralmente, con la cotidianeidad ─lo más natural del mundo─  sin salirse de sus límites. ‹‹Hay obras››, decía Camus, ‹‹en las cuales el acontecimiento parece natural para el lector. Pero hay otras (más raras, es cierto) en las que es el personaje quien encuentra natural lo que le sucede. Por una paradoja singular pero evidente, cuanto más extraordinarias serán las aventuras del personaje, más sensible resultará la naturalidad de la narración: es proporcional a la diferencia que puede sentirse entra la extrañeza de una vida de hombre y la simplicidad con la que este la acepta››. Y éste es el caso de El proceso, lo que hace la obra desconcertante. K., a diferencia del lector, tolera como natural todo lo que le sucede. Puede que no sea lo más corriente del mundo que una mañana té despiertes y tengas dos miembros de un Tribunal que vienen a arrestarte y, que además, K., el presunto acusado, se vaya con ellos. Pero Kafka lo narra como una cosa natural; que puede pasar una mañana cualquiera. 
Precisamente en esta ambigüedad, entre lo que parece natural y lo que en realidad no lo es, es donde se encuentra el arte de Kafka.

Hay un momento ─para mi crucial─ en el que K. va al Tribunal un domingo: está citado para un interrogatorio. Al llegar, una mujer, le informa de que no hay sesión, que se anulado. No obstante, K., habla con la mujer y acaba, al terminar de hablar con ella, paseando con un ordenanza. Éste le lleva a hacer una vuelta por las instalaciones del Tribunal y llegan a la sala de espera:

“Era un largo corredor con una serie de puertas mal acabadas, que daban acceso a las distintas oficinas de la buhardilla. Aunque no había ninguna abertura por donde entrase directamente la luz, tampoco era completa la oscuridad, porque algunas secciones no estaban separadas del corredor por puertas de una sola tabla, sino simplemente por rejas de madera que, por otra parte, llegaban hasta el techo; a través de ella entraba un poco de luz y, además, se podía ver algunos funcionarios que estaban escribiendo, sentados a sus mesas, o que permanecían de pie junto a las rejas y miraban por las rendijas a la gente que esperaba en el corredor. Seguramente por ser domingo, en el corredor había poca gente”. (El proceso, Kafka)
 ¿Y no es este corredor, descrito de manera tan normal, la condición que quiere explicar Kafka? Este proceso constante, estas miradas que te juzgan, esas palabras que no escuchas pero que sabes que se han dicho ¿No es la condición de K. ─la condición de la vida de un hombre cualquiera─ la de esperar en una sala de espera? ¿No es este corredor, el corredor de la vida? Un sitio donde no se ve bien, con una luz que entra, pero sin ser excesiva: solamente lo suficiente para ver por dónde vas, pero no para ver con claridad ni con firmeza; para saber que estás vivo, pero no para librarte de la angustia del proceso que acompaña el vivir.  ¿No adquiere esta sala de espera, este corredor, con la luz, con las puertas y las rejas, con los funcionarios, con las salas, con la gente escribiendo, un valor simbólico? ¿ Una atmosfera extraña? ¿Un valor que va más allá de lo qué aparentemente es? Y sólo faltaba un final así para el fragmento: ‹‹ Seguramente por ser domingo, en el corredor había poca gente››. El ejemplo más claro de la ambigüedad kafkiana. Hace un momento te está describiendo algo terrorífico (la condición inevitable de ser procesado) y ahora, disimulando, haciendo ver que no hablaba de eso, termina como si le preocupara el hecho de que por ser domingo había poca gente. Es por eso que se dice que el arte de Kafka reside en la ambigüedad. Siempre hay más de una alternativa interpretativa a la hora de leerlo. Y esto, obliga a la relectura. Podría ser que sí, que nos explique cómo K. ve el corredor, o puede ser que no, que nos esté explicando algo mucho más profundo, algo mucho más simbólico.

En todo caso Kafka, con este baile de ambigüedades, con este pilla pilla entre el significado simbólico y el significado cotidiano, esconde una magia particular: su mundo aparte dentro del mundo de todos. 

Vemos así, que, como dice Camus:

“El secreto de Kafka reside en esta ambigüedad fundamental. Estas oscilaciones perpetuas entre lo natural y lo extraordinario, el individuo y lo universal, lo trágico y lo cotidiano, lo absurdo y lo lógico, vuelven a encontrarse en toda su obra y le dan a su vez su resonancia y su significación.”
Albert Camus, “La esperanza y lo absurdo en la obra de Franz Kafka”  en El mito de Sísifo
No es de extrañar pues, que K. sea para Camus un personaje absurdo. Tampoco lo es el hecho de que Camus en su novela El extranjero, presente un protagonista, Meursault, al que acaban condenado a muerte, como a K., que antes de morir se limita a decir: “Como un perro”. Frase a la que el narrador sólo añade: “Era como si la vergüenza hubiese de sobrevivirle”.

LENGUAJE, ESTILO Y HUMOR KAFKIANO. La historia que se nos presenta está narrada en tercera persona. Es la historia de Joseph K., o de K. a secas. Que no es Kafka, pero que lo es sin serlo. El lenguaje es afilado y preciso. “Las palabras siempre tienen que estar precisa y firmemente limitadas, o de lo contrario podríamos caer en abismos insospechados. En un lugar de ascender por lisos escalones, podríamos hundirnos en lodos y arenas amorfas” dicen que escribió Kafka a Gustav Janouch. Y el narrador de El proceso ─que, igual que Kafka, somos nosotros sin serlo─ usa las palabras con esta precisión; filtrando, como es típico en Kafka, el estilo directo (fragmentos de diálogo) sin romper el ritmo narrativo. Y también, en medio de estas extrañas cosas que nos explica, con las que desborda la naturaleza del relato, y con las que traza una vigorosa metáfora de la condición del hombre moderno, se encuentran esas pequeñas dosis de humor kafkiano.  Por ejemplo, al salir del corredor en el que K. se sentía muy mareado, sin saber ─curiosamente─ por qué, escribe Kafka: “K. permaneció quieto unos instantes, se arregló el pelo con ayuda de un espejo de bolsillo, recogió su sombrero […]”. Como si después de todo, a K., sólo le preocupara su pelo y llevarlo bien peinado. ‹‹Lo kafkiano››, dice Kundera refiriéndose a lo cómico en Kafka, ‹‹nos conduce al interior, a las entrañas dela broma, a lo horrible de lo cómico››.

EL PROCESO. Joseph K. nunca está del todo sólo; hecho que corrobora la idea principal del libro: la inevitable condición del hombre a ser procesado. Lo vemos en: 1) que viva en una habitación alquilada des de la que oye el ruido de otra gente y des de la que tiene que vigilar para no molestar; 2) que al salir de la casa de un pintor abra una puerta y se encuentre con una oficinadel tribunal; 3) que, mientras lo arrestan, le observen des de la ventana dos ancianos con cara de curiosidad; 4) que, cuando va a la catedral, el sacerdote sepa su nombre y este al caso de su proceso; 5) que, las habitaciones y los muebles, den sensación deasfixia y de opresión; 6) que uno de los guardianes que lo arrestan al principiose llamé Franz… Muchos detalles, pequeños, casi minúsculos, se esconden en el relato que rodea a K. Porqué K. está, de hecho, rodeado. Siempre. De manera visible o invisible. Siempre, ininterrumpidamente. Hasta al final. Porqué,  luchar con este inmenso organismo judicial (el mundo), que se encuentra dentro y fuera, allí y aquí, arriba y abajo, en los ojos y en los gestos, es difícil. Casi imposible.

“Intentar darse cuenta de que aquel inmenso organismo judicial se encuentra, en cierto modo, en una posición eternamente vacilante, y de que, si uno cambia algo por su cuenta y desde su puesto, la tierra desaparece bajo sus pies y él mismo puede despeñarse, mientras que al gran organismo le resulta fácil encontrarotro lugar en sí mismo ─puesto que todo guarda relación─ para reparar la pequeña alteración, efectuando las sustituciones necesarias y permaneciendo inalterable, si no resulta que todo se vuelve, cosa aún más probable, mucho más cerrado, más vigilante, más rígido, más maligno.” (El proceso, Kafka)

dimarts, 10 d’abril del 2012

Sukkwan Island, David Vann


Sukkwan Island
de David Vann
Traducció de: Francesc Rovira
Fecha original de publicación: 2008
Editorial: Labutxaca

QUAN els pares de David Vann es van divorciar el van fer decidir: o anar a viure amb el pare, en una illa salvatge al sud d’Alaska, o anar a viure amb la mare i la germana, on tenia l’escola i els amics. Ell, va escollir viure amb la mare i la germana; i el pare, obstinat en marxar a Sukkwan Island (illa real i salvatge al sud d’Alaska), se’n hi va anar. Al cap de dues setmanes el pare es suïcidà. Swkkwan Island és, doncs, una extensió imaginària d’aquella decisió. L’altre cara de la moneda.  El què hauria pogut passar si David Vann hagués decidit anar viure amb el seu pare. Dient això, em ve una fragment de El arte de la novela de Milan Kundera: “La novela no examina la realidad, sino la existencia. Y la existencia no es lo que ya ha ocurrido, la existencia es el campo de las posibilidades humanas, todo aquello que es capaz. Los novelistas perfilan el mapa de la existencia descubriendo tal o cual posibilidad humana. Pero una vez más: existir quiere decir: ‹‹ser-en-el-mundo››. Hay que comprender como posibilidades tanto al personaje como su mundo”. Sukkwan Island és, doncs, la possibilitat d’una situació humana. Amb uns personatges i un món.

L’INICI: en Roy, el Fill, i en Jim, el Pare, recent arribats a un indret apartat de tot i envoltat d’aigua. De temperatures gèlides i de paisatges verges. “Per un instant, en Roy va tenir la sensació d’arribar a una terra encantada, a un indret que no podia ser real”. Allà, els personatges hi estan atrapats. Com en un ascensor en el que t’has quedat tancat amb algú i et veus, inevitablement, obligat a tenir un tracte. A Swkkwan Island, però, aquestes persones que es queden tancades són Pare i Fill. Ambdós en un espai destinat a ells i a la seva relació, es troben en un cul de sac. On ja Kafka, on ja Sartre, on ja moltíssimes persones, s’hi han trobat. Kafka a la seva Carta al pare, explicava que les persones, durant el transcurs de la vida, havien de pujar esglaons. En canvi ell, no podia. Tenia un gran esglaó, igual d’alt que tots els petits esglaons que havien de pujar els altres; i, encara que ell només tingués un esglaó, aquest li resultava impossible de pujar: el seu pare. Sartre en canvi, que veia la figura del pare com un sostre, va dir temps després que se li morís: des de llavors he pogut créixer lliurament. I Roy, empresonat a l’illa, s’haurà d’enfrontar al seu pare: a la figura del Pare; a totes els parapets i murs que creixen, i a tots els fantasmes i limitacions que s’emanen, més enllà del cos que porta el nom de Jim. L’illa, a demés, es convertirà en un lloc confús, on Jim i Roy s’igualen i on de vegades es perden jerarquies; on Roy dubte del guia i descobreix, amarga i tràgicament, que la pregunta que li feia al seu pare “I després, què?”, no té resposta. És un silenci que omple el buit o un tret de pistola que ressona al mig del mar.

LA CULPABILITAT que sentiria Roy si no acompanyés al seu Pare a Sukkwan Island és el què l’empeny. Malgrat no voler, malgrat saber que el seu pare no li farà més cas ni l’estimarà més, i, malgrat en el fons, saber que no canviarà res, decideix anar-hi. “Tenia la sensació que en tot allò hi havia un no sé què d’inevitable; que, en el fons, no tenia elecció” diu Roy. Aquest no sé què és la culpa. La culpa que engendra el Pare a en Roy. Jim és un home depressiu, que fuig i que no pot fer res més. Que arrossega problemes i que intenta, frustradament, buscar una vida nova en un lloc nou: Sukkwan Island.
En aquesta recerca desesperada del pare per trobar una vida allunyada del passat, en Jim, arrossega el seu fill amb ell. “L’aventura del seu pare no tenia ni cap ni peus. Començava a semblar que potser senzillament no havia estat capaç de pensar cap altra manera de viure millor que aquella. O sigui que tot allò no era sinó un pla de contingència, i en Roy també formava part d’aquella enorme desesperació que el seu pare arrossegava arreu on anava”. Fet que desemboca en un desenllaç tràgic que arrossega, al Pare, a un reconeixement amarg del que, fins llavors, havien intentat amagar. Del que, fins llavors, havia desitjat fugir.

LLIBRE amb aires de Cormac McCarthy. Un llibre gris. Amarg. Fred. Com el clima de l’illa, com les fulles mortes que s’acumulen sota la neu, o com el vent que mou l’aigua que rodeja els personatges. Dividit amb dos parts. Ben ordenat. En una primera part on observes impacient, on t’angoixes; que lliga amb una segona part on el Pare reconeix el seu fracàs i el perquè de tot plegat: “I va saber en aquell instant que en Roy l’havia estimat i que amb allò n’hi hauria hagut d’haver prou. Senzillament, no havia entès res prou a temps”.