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dimarts, 17 d’abril del 2012

El proceso, Franz Kafka (I)

El proceso (Der Prozess)
de Franz Kafka
Traducción de: Feliu Formosa
Fecha original de publicación: 1925
Editorial: Alianza Editorial

LA AMBIGUIDAD DE LO COTIDIANO. Kafka, en El proceso, no se aleja de la naturalidad. Juega, oscura y magistralmente, con la cotidianeidad ─lo más natural del mundo─  sin salirse de sus límites. ‹‹Hay obras››, decía Camus, ‹‹en las cuales el acontecimiento parece natural para el lector. Pero hay otras (más raras, es cierto) en las que es el personaje quien encuentra natural lo que le sucede. Por una paradoja singular pero evidente, cuanto más extraordinarias serán las aventuras del personaje, más sensible resultará la naturalidad de la narración: es proporcional a la diferencia que puede sentirse entra la extrañeza de una vida de hombre y la simplicidad con la que este la acepta››. Y éste es el caso de El proceso, lo que hace la obra desconcertante. K., a diferencia del lector, tolera como natural todo lo que le sucede. Puede que no sea lo más corriente del mundo que una mañana té despiertes y tengas dos miembros de un Tribunal que vienen a arrestarte y, que además, K., el presunto acusado, se vaya con ellos. Pero Kafka lo narra como una cosa natural; que puede pasar una mañana cualquiera. 
Precisamente en esta ambigüedad, entre lo que parece natural y lo que en realidad no lo es, es donde se encuentra el arte de Kafka.

Hay un momento ─para mi crucial─ en el que K. va al Tribunal un domingo: está citado para un interrogatorio. Al llegar, una mujer, le informa de que no hay sesión, que se anulado. No obstante, K., habla con la mujer y acaba, al terminar de hablar con ella, paseando con un ordenanza. Éste le lleva a hacer una vuelta por las instalaciones del Tribunal y llegan a la sala de espera:

“Era un largo corredor con una serie de puertas mal acabadas, que daban acceso a las distintas oficinas de la buhardilla. Aunque no había ninguna abertura por donde entrase directamente la luz, tampoco era completa la oscuridad, porque algunas secciones no estaban separadas del corredor por puertas de una sola tabla, sino simplemente por rejas de madera que, por otra parte, llegaban hasta el techo; a través de ella entraba un poco de luz y, además, se podía ver algunos funcionarios que estaban escribiendo, sentados a sus mesas, o que permanecían de pie junto a las rejas y miraban por las rendijas a la gente que esperaba en el corredor. Seguramente por ser domingo, en el corredor había poca gente”. (El proceso, Kafka)
 ¿Y no es este corredor, descrito de manera tan normal, la condición que quiere explicar Kafka? Este proceso constante, estas miradas que te juzgan, esas palabras que no escuchas pero que sabes que se han dicho ¿No es la condición de K. ─la condición de la vida de un hombre cualquiera─ la de esperar en una sala de espera? ¿No es este corredor, el corredor de la vida? Un sitio donde no se ve bien, con una luz que entra, pero sin ser excesiva: solamente lo suficiente para ver por dónde vas, pero no para ver con claridad ni con firmeza; para saber que estás vivo, pero no para librarte de la angustia del proceso que acompaña el vivir.  ¿No adquiere esta sala de espera, este corredor, con la luz, con las puertas y las rejas, con los funcionarios, con las salas, con la gente escribiendo, un valor simbólico? ¿ Una atmosfera extraña? ¿Un valor que va más allá de lo qué aparentemente es? Y sólo faltaba un final así para el fragmento: ‹‹ Seguramente por ser domingo, en el corredor había poca gente››. El ejemplo más claro de la ambigüedad kafkiana. Hace un momento te está describiendo algo terrorífico (la condición inevitable de ser procesado) y ahora, disimulando, haciendo ver que no hablaba de eso, termina como si le preocupara el hecho de que por ser domingo había poca gente. Es por eso que se dice que el arte de Kafka reside en la ambigüedad. Siempre hay más de una alternativa interpretativa a la hora de leerlo. Y esto, obliga a la relectura. Podría ser que sí, que nos explique cómo K. ve el corredor, o puede ser que no, que nos esté explicando algo mucho más profundo, algo mucho más simbólico.

En todo caso Kafka, con este baile de ambigüedades, con este pilla pilla entre el significado simbólico y el significado cotidiano, esconde una magia particular: su mundo aparte dentro del mundo de todos. 

Vemos así, que, como dice Camus:

“El secreto de Kafka reside en esta ambigüedad fundamental. Estas oscilaciones perpetuas entre lo natural y lo extraordinario, el individuo y lo universal, lo trágico y lo cotidiano, lo absurdo y lo lógico, vuelven a encontrarse en toda su obra y le dan a su vez su resonancia y su significación.”
Albert Camus, “La esperanza y lo absurdo en la obra de Franz Kafka”  en El mito de Sísifo
No es de extrañar pues, que K. sea para Camus un personaje absurdo. Tampoco lo es el hecho de que Camus en su novela El extranjero, presente un protagonista, Meursault, al que acaban condenado a muerte, como a K., que antes de morir se limita a decir: “Como un perro”. Frase a la que el narrador sólo añade: “Era como si la vergüenza hubiese de sobrevivirle”.

LENGUAJE, ESTILO Y HUMOR KAFKIANO. La historia que se nos presenta está narrada en tercera persona. Es la historia de Joseph K., o de K. a secas. Que no es Kafka, pero que lo es sin serlo. El lenguaje es afilado y preciso. “Las palabras siempre tienen que estar precisa y firmemente limitadas, o de lo contrario podríamos caer en abismos insospechados. En un lugar de ascender por lisos escalones, podríamos hundirnos en lodos y arenas amorfas” dicen que escribió Kafka a Gustav Janouch. Y el narrador de El proceso ─que, igual que Kafka, somos nosotros sin serlo─ usa las palabras con esta precisión; filtrando, como es típico en Kafka, el estilo directo (fragmentos de diálogo) sin romper el ritmo narrativo. Y también, en medio de estas extrañas cosas que nos explica, con las que desborda la naturaleza del relato, y con las que traza una vigorosa metáfora de la condición del hombre moderno, se encuentran esas pequeñas dosis de humor kafkiano.  Por ejemplo, al salir del corredor en el que K. se sentía muy mareado, sin saber ─curiosamente─ por qué, escribe Kafka: “K. permaneció quieto unos instantes, se arregló el pelo con ayuda de un espejo de bolsillo, recogió su sombrero […]”. Como si después de todo, a K., sólo le preocupara su pelo y llevarlo bien peinado. ‹‹Lo kafkiano››, dice Kundera refiriéndose a lo cómico en Kafka, ‹‹nos conduce al interior, a las entrañas dela broma, a lo horrible de lo cómico››.

EL PROCESO. Joseph K. nunca está del todo sólo; hecho que corrobora la idea principal del libro: la inevitable condición del hombre a ser procesado. Lo vemos en: 1) que viva en una habitación alquilada des de la que oye el ruido de otra gente y des de la que tiene que vigilar para no molestar; 2) que al salir de la casa de un pintor abra una puerta y se encuentre con una oficinadel tribunal; 3) que, mientras lo arrestan, le observen des de la ventana dos ancianos con cara de curiosidad; 4) que, cuando va a la catedral, el sacerdote sepa su nombre y este al caso de su proceso; 5) que, las habitaciones y los muebles, den sensación deasfixia y de opresión; 6) que uno de los guardianes que lo arrestan al principiose llamé Franz… Muchos detalles, pequeños, casi minúsculos, se esconden en el relato que rodea a K. Porqué K. está, de hecho, rodeado. Siempre. De manera visible o invisible. Siempre, ininterrumpidamente. Hasta al final. Porqué,  luchar con este inmenso organismo judicial (el mundo), que se encuentra dentro y fuera, allí y aquí, arriba y abajo, en los ojos y en los gestos, es difícil. Casi imposible.

“Intentar darse cuenta de que aquel inmenso organismo judicial se encuentra, en cierto modo, en una posición eternamente vacilante, y de que, si uno cambia algo por su cuenta y desde su puesto, la tierra desaparece bajo sus pies y él mismo puede despeñarse, mientras que al gran organismo le resulta fácil encontrarotro lugar en sí mismo ─puesto que todo guarda relación─ para reparar la pequeña alteración, efectuando las sustituciones necesarias y permaneciendo inalterable, si no resulta que todo se vuelve, cosa aún más probable, mucho más cerrado, más vigilante, más rígido, más maligno.” (El proceso, Kafka)

dilluns, 20 de febrer del 2012

El mite de Sísif, Albert Camus

    El mite de Sísif ( Le Mythe de Sisyphe)
d'Albert Camus
Traducció de Joan Fuster
Data original de publicació: 1942
Editorial: La butxaca



   Els déus havien condemnat Sísif a fer rodolar incessantment una roca fins al cim d’una muntanya des de la qual la pedra tornava a caure pel seu propi pes. Havien pensat, amb algun motiu, que no hi ha càstig més terrible que el treball inútil i sense esperança.
EL SUICIDI, per Camus, és un tema d’interès per a la filosofia. Per no dir el més important. Jutjar si la vida val o no la pena de ser viscuda és la pregunta inicial a partir de la qual arrenca tot l’assaig ulterior. Camus, davant del silenci del món i del vertigen del buit,  veu que la relació entre l’individu i el món és absurda, no té sentit, és impossible. D’aquest reconeixement relatiu a l’existència, d’aquesta revolta envers la seva pròpia consciència, neix la “sensibilitat absurda”. Cal entendre que Camus, per sobre de tot, vol comprendre, veure-hi clar, viure lúcidament, i això implica acceptar el silenci del món. Tenir clar que per molt que cridem a les muntanyes aquestes no respondran; només ressonarà l’eco. Qui viu així es priva del futur, del demà. L’home absurd, l’home que ha reconegut aquesta sensibilitat dins seu, es limita a viure intensament el present, sense esperar res. Amb la “sensibilitat absurda” com a punt de partida es disposa més d’un mateix. L’absurd, en altres paraules, com diu María Zárate, acreix la nostra llibertat d’acció i al mateix temps, anul·la tota via de llibertat eterna. L’home absurd vol viure i viure, sentir i sentir, experimentar i experimentar, però aquí. A la terra, en vida, amb el temps que li és concedit –sense separar-se’n. Fins que la mort, que fa de la condició absurda una condició tràgica, posi fi. Per tant, reconèixer la condició mortal de l’home, la no eternitat i la inexistència d’una vida posterior a la mort, l’obliga a viure intensament entre els homes, en la carn que li és concedida, amb el temps que l’hi és regalat. Cal que l’home absurd, aquest home que viu “el present i la successió dels presents davant d’una ànima incessantment conscient” −com Sísif, heroi mitològic i simbòlic, d’aquest rang d’homes− accepti el seu destí, el seu final tràgic. L’home absurd s’entrega a la pedra que carrega infinites vegades al cim de la muntanya, la seva pedra, sense esperança, sense voler res a canvi. Viu amb el temps, el seu temps. Sísif ha nascut de l’evidència que l’ha despertat: l’absurd. “El divorci entre l’esperit que desitja i el món que decep, la seva nostàlgia d’unitat, l’univers dispers i la contradicció que l’encadena”. Albert Camus el que està fent és baixar el reflex clàssic, abstracte, d’un univers superior, a la terra, entre els homes. “El cel de les formes es representa en la multitud de les imatges d’aquesta terra”. Ell ha acceptat, com Nietzsche, com Dostoievski, que no hi ha unitat, que “pensar no és unificar,  sinó fer familiar l’aparença sota el rostre d’un desconegut. Pensar és tornar a ensenyar-se a veure, dirigir la pròpia consciència, fer de cada imatge un lloc privilegiat”. Però d’unitat, res de res.

Camus veu una evidència, l’absurd, i intenta extreure’n les conseqüències.

DE LA LLIBERTAT també en parlarà Camus en El mite de Sísif. Ell compren que la concepció que tenia abans de fer el reconeixement de l’absurd, l’empresonava. “Les doctrines que m’ho expliquen tot m’afebleixen al mateix temps. M’alliberen del pes de la meva pròpia vida, i, tanmateix, cal que el porti jo sol.” Ell no vol saber si és o no és lliure, no li interessa aquest problema metafísic de la llibertat. L’home ha d’experimentar la seva pròpia llibertat. “Jo no puc comprendre el que seria una llibertat que em fos donada per un ser superior. He perdut el sentit de la jerarquia”. I es així, en aquest món nou que s’obre davant dels ulls de l’home absurd, on Camus veu que, esperant, creient inútilment que el món respondria als seus crits i que el buit l’acabaria omplint, no era realment lliure. “Per parlar clarament, en la mesura en què espero, en què em preocupo per una veritat que em sigui pròpia, per una manera de ser o de crear, en la mesura, finalment, en què ordeno la meva vida i provo amb això que admeto que té un sentit, em creo barreres entre les quals tanco la meva vida. Faig com tants funcionaris de l’esperit i del cor que no m’inspiren sinó aversió i que no fan altra cosa, ara me n’adono, sinó prendre’s seriosament la llibertat de l’home”. I això és el principi d’una alliberació. Camus, amb aquesta nova independència, pren consciència de la llibertat. Una llibertat amb “un termini, com tota llibertat d’acció”: la mort.

Però clar, com el mateix Camus reconeix, el que defineix en El mite de Sísif és una manera de pensar. Ara es tracta de viure.

SÍSIF és l’heroi absurd. I ja que no em vull esplaiar gaire més, ja que crec que les paraules de Camus parlen més que el que poden representar per a mi, acabo, feliçment, content, amb Sísif i com Camus el deixa al final del llibre:

“Tota la joia silenciosa de Sísif consisteix en això. El seu destí li pertany. La seva roca és la seva cosa. De la mateixa manera, l’home absurd, quan contempla el seu turment, fa callar tots els ídols. En l’univers sobtadament tornat al seu silenci, s’aixequen les mil petites veus meravellades de la terra. Crides inconscients i secretes, invitacions de tots els rostres són el revers necessari i el preu de la victòria. No hi ha sol sense ombra, i cal conèixer la nit. L’home absurd diu sí, i el seu esforç no tindrà final. Si hi ha un destí personal, no hi ha un destí superior, o, en tot cas, no n’hi ha sinó un, que ell considera fatal i menyspreable. D’altre banda, se sap amo dels seus dies. En  aquell instant subtil en què l’home es gira sobre la seva vida, Sísif, tornant a la roca, contempla aquesta sèries d’accions desvinculades que esdevé el seu destí, creat per ell, unit sota la mirada de la seva memòria i aviat segellat per la seva mort. Així, convençut de l’origen absolutament humà de tot el que és humà, cec que desitja veure i que sap que la nit no té final, està sempre en marxa. La roca continua rodolant.
Deixo a Sísif al capdavall de la muntanya. Sempre torna a trobar la seva càrrega. Però Sísif ensenya la fidelitat superior que nega als déus i aixeca les roques. També ell considera que tot està bé. Aquest univers sense amo per sempre més no li sembla estèril ni fútil. Cada un dels grans d’aquesta pedra, cada fragment mineral d’aquella muntanya plena de nit, forma per ell mateix un món. La mateixa lluita per aconseguir els cims basta per a omplir un cor d’home. Sísif, cal imaginar-lo feliç”.

dijous, 19 de gener del 2012

El hombre rebelde, Albert Camus




El hombre rebelde (L'Homme révolté)
d'Albert Camus
Traducció de Josep Escué
Data original de publicació: 1951
Editorial: Alianza



“¿Què és un home rebel? Un home que diu no. Però si nega, no renuncia: es també un home que diu sí, des del seu primer moviment. Un esclau, que ha rebut ordres tota la seva vida, i que de cop jutge inacceptable un nou manament. ¿Quin és el contingut d’aquest <<no>>?”
Així comença l’obra assagística d’Albert Camus. Un passeig per la rebel·lió i pel què aquesta paraula representa. Aquí però, vull destacar un fragment en el que parla d'art i rebel·lió. En concret: de novel·la i rebel·lió.
[Pàgines 301-310]