dissabte, 3 de març de 2012

1Q84, Haruki Murakami


1Q84 Libros 1 y 2 (1Q84 vols. 1 y 2)
Traducción de: Gabriel Álvarez Martínez
Fecha original de publicación: 2009
Editorial: Tusquets Ediciones


‹‹Cuando se hace algo así, el paisaje cotidiano tal vez parezca un poco diferente al de siempre. A mí me ha pasado. Pero no se deje engañar por las apariencias. Realidad no hay más que una››.
1Q84. Resuenan de fondo ecos orwellianos. Pero no es más que una excusa: un juego lingüístico y fonético para, a lo largo del libro, cuestionar la realidad. Lo que conocemos como realidad.

La realidad es una cosa muy extraña. Muchos factores afectan y determinan el momento concreto del presente, lo que llamamos realidad. Que yo esté aquí delante de un ordenador escribiendo cosas acerca de un libro es extraño. Que ustedes lo lean y que todo esto sea real aún lo es más. Depende de muchas cosas. En primer lugar: que se hayan dado las circunstancias. Yo nací, hace un tiempo. Vosotros también. Aprendimos a leer, aprendimos a escribir. Nos compramos un ordenador, se hizo internet, hubo alguien que creo los blogs, y nosotros, hoy, aquí, coincidimos, sin vernos, en un texto. “Aomame frunció el ceño durante un rato. ‹‹ A mi alrededor no dejan de ocurrir cosas extrañas. El mundo avanza a su capricho, a mis espaldas. Es como si estuviera jugando a que, en cuanto yo cierro los ojos, todo se mueve.” Pero hablar de una cosa tan compleja como la realidad y todo lo que se abarca en ella es difícil. Así que Murakami ilustra, con su queridísima ficción (su metáfora más audaz) un mundo con dos lunas. “Desde antes de que el ser humano hubiera adquirido el fuego, las herramientas y el lenguaje, la Luna siempre había sido su aliada. A veces había iluminado el mundo en las tinieblas, como una lámpara caída del cielo, y había mitigado el miedo de la gente. Sus fases habían proporcionado al ser humano la noción del tiempo. Parecía que el sentimiento de agradecimiento hacía la compasión desinteresada de la Luna estaba fuertemente arraigado en los genes de la especie humana, incluso ahora que las tinieblas habían sido expulsadas de casi todos lados. Como una cálida memoria colectiva.” Pero parece que no todos los personajes de esta historia vean una sola luna. Tengo y Aomame, las dos vías de tren por las que avanza el relato, en algún momento descubren que hay dos lunas. “Otra luna flotando en un rincón del cielo, a poca distancia de la Luna”. ¿Es entonces este mundo real? ¿Ven todas las personas esas dos lunas en el cielo? Y de aquí nace 1Q84. Un mundo paralelo. Un mundo que transcurre, sin transcurrir de modo igual, en 1984. En Tokio. O no. Como en la rueda de la vida que hay en el Tíbet. Al girar, los sentimientos y los valores suben y bajan, se hunden en la oscuridad y se iluminan.

“−Estamos en 1984 y esto es Tokio, Japón.
−Ojalá pudiera afirmarlo con tanta seguridad como tú.
¡Qué raro!− exclamo Ayumi, riendo−. Ahora mismo, ¿no eres capaz de afirmar o de convencerte de un hecho tan obvio?”
“Toda la novela sigue la forma de El clave bien temperado de Bach, dos ciclos de preludios y fugas compuestos en todas las tonalidades mayores y menores de la gama cromática. Cada libro de esa obra, como el mío, tiene 24 partes. Alterno la historia de la chica, la del chico, la chica, el chico... de modo absolutamente simétrico. Cada pequeño fragmento puede leerse por sí solo y el conjunto aspira a contener todos los elementos de nuestro mundo actual. Tenía que ser una estructura repetitiva e ir variando la intensidad en cada capítulo” dijo Murakami en una entrevista a La Vanguardia. En uno de ellos, habla del tiempo. “El tiempo transcurre de manera irregular”. El tiempo, como la música, como la poesía, transcurre a trompicones. A veces es intenso y pasa sin que nos demos cuenta. Otras, en cambio, lento como un domingo de lluvia. “Tengo sabía que el tiempo transcurre de manera irregular. En su origen es uniforme, pero, cuando se consume, se transforma en algo irregular. Ciertos periodos de tiempo son terriblemente largos y pesados; otros, breves y ligeros. Y, a veces, el orden de los acontecimientos se altera y, en los momentos críticos, incluso desaparece. También se le añade lo que no debería añadírsele. Al regular el tiempo a su capricho, la gente quizá regule su propia razón de ser. En otras palabras, al realizar esas operaciones, logran conservar a duras penas la cordura. Si tuvieran que aceptar el tiempo vivido de manera uniforme y secuencial, sus mentes no podrían soportarlo. Sus vidas serían igual que una tortura. Así pensaba Tengo.”

También en 1Q84 hay la esencia de Murakami. Hay aquellos personajes heridos e imperfectos, que viven apartados de los cánones y de los tópicos. Luchan con su memoria y sus recuerdos. Intuyen y avanzan de manera irregular. Aparece, sin verse, las paredes de la infancia, aquellas estelas que quedaron sepultadas en la inocencia del niño. Y, tanto Aomame como Tengo, luchan por reconocer sus efectos. Tengo era un niño prodigio en matemáticas y cada domingo acompañaba a su padre a trabajar. Su madre había muerto, o eso le habían dicho. Aomame, educada en una familia perteneciente a una secta religiosa, abandonó  a sus padres para crecer sin los muros de la religión. Ella también tenía que ir, los domingos, a una Asociación de Testigos con sus padres. Tampoco hacía lo que los niños normales hacen un domingo.

Y es que Murakami aprovecha el libro para presentar la realidad de las sectas. Para evidenciar al hombre vacío de T. S. Eliot, dominado por el Gran Hermano de Orwell. Esos elementos que nos envuelven. Y como bien se comenta en un momento de la cabeza: “Extraen de las cabezas de la gente el circuito que les permite pensar por sí mismos. Es el mismo mundo que el que George Orwell describió en su novela. Pero, como ya sabrás, no son pocos los que buscan por propia voluntad ese estado de muerte cerebral, ya que no hay duda de que así es más cómodo. No necesitan devanarse los sesos con complicaciones; sólo tienen que obedecer lo que les dicen los de arriba. Nunca se quedaran sin un medio de subsistencia.”

Y todo con la excursión musical y de referencias literarias a las que Murakami nos tiene acostumbrados. Seguro que algo quiere decirnos con la Sinfonietta de Janácket que aparece a lo largo de la obra. Con el parecido a la obra de 1984 de Orwell. Con este fragmento en que hablan de Chéjov:

“−Chéjov dijo una vez –comentó Tamaru levantándose lentamente−: ‹‹Cuando en una historia aparece un arma de fuego, ésta deberá ser disparada››.
− ¿Qué quiere decir?
Tamaru se levantó para colocarse frente a Aomame y le habló. El era unos centímetros más alto.
−Que no debe utilizarse un accesorio innecesario en medio de una historia, si aparece una pistola, en algún momento de la historia es necesario dispararla. Chéjov prefería escribir obras desprovistas de florituras inútiles.
Aomame estiró de las mangas de su vestido y se echó el bolso bandolero al hombro.
−Entonces, eso es lo que te preocupa: que si surge una pistola quiere decir, sin lugar a dudas, en un momento dado va a ser disparada.
−Visto des de la perspectiva de Chéjov.
−Y por eso preferirías no tener que conseguirme un arma.
−Es peligroso e ilegal. Y además Chéjóv es un autor en el que puedo confiar.
−Pero esto no es una historia, sino el mundo real.
Tamaru entronó los ojos y miró fijamente a la cara de Aomame. Luego abrió poco a poco la boca.
−¡Quién sabe!”

2 comentaris:

Jordi Ribàs Ustrell ha dit...

No me'ls volia llegir, però m'has deixat sense arguments per no fer-ho...

Adrià Calvo Català ha dit...

El tenia abandonat a la tauleta de nit des del Sant Jordi de l'any passat. I veig que paga la pena llegir les 500 i pico pàgines. Avui l'he començat.